El Punk entre la rebeldía y la confusión: Cuando el anti-Imperialismo termina defendiendo tiranos
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El punk siempre fue, para mí, una declaración de independencia. Un grito que decía: “piensa por ti mismo, no dejes que te usen bajo engaño”. Sin embargo, con los años he visto cómo esa consigna fue secuestrada por discursos ideológicos que terminaron defendiendo a los mismos tiranos que el punk prometía combatir.
Lo viví de nuevo en estos días, cuando mi pana y hermano del punk caraqueño Ricardo Augusto “El Perro” Bermúdez Vera, bajista de i-589 —banda en la que también tocamos juntos y grabamos el tema llamado “TOTAL”—, quien además fue guitarrista fundador de la banda punk Agente Extraño, me contó lo que presenció en el Florida Underground Fest 2026. El evento, realizado del 9 al 11 de enero de 2026 en el Downtown de la ciudad de Sanford, FL, cerró con un trago amargo. Al finalizar el set de la banda “Killed by Florida”, uno de sus integrantes gritó “¡Free Maduro!”, haciendo referencia a la extracción que fuerzas especiales estadounidenses realizaron para poner tras las rejas al narcotirano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026, a través de la operación militar Absolute Resolve.
Lo que para algunos presentes en ese festival sería apenas un grito de rebeldía o un acto reivindicativo de justicia, para nosotros, quienes sufrimos la represión del chavismo en carne propia, no nos suena tan inocente. “El Perro” y yo somos dos venezolanos exiliados, sobrevivientes de la maquinaria represiva del régimen. Él, como yo, llegó a Estados Unidos pidiendo asilo por razones políticas, siendo así parte de los nueve millones de paisanos que formamos la diáspora generada por la narcotiranía chavista-madurista. Cuando se escucha a alguien gritar “Free Maduro” desde un escenario punk, entiendo que el problema ya no es solo político: es cultural y moral. Es la ignorancia convertida en rebeldía vacía; la hipocresía disfrazada de solidaridad.
Recuerdos de una escena politizada
En nuestra conversación con “El Perro” salieron muchos recuerdos. A finales de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando dábamos nuestros primeros pasos dentro del punk, muchas de las bandas españolas que escuchábamos eran abiertamente pro-ETA o pro-comunistas, justificándolo todo bajo el manto del “anti-imperialismo”. Nosotros crecimos en ese ambiente. Solíamos reunirnos en bares y espacios donde la estética punk se confundía fácilmente con la izquierda “ñángara”.
Con la llegada del chavismo, esa mezcla se institucionalizó. Eventos que antes eran festivales de autogestión —como el “Festival Sub Urbano La Boyera 88” o el “Festival de Rock en la UCV 1991” que ayudé a organizar— pasaron a ser absorbidos por una maquinaria cultural financiada por el Estado. Esa idea del underground fue distorsionada para alimentar la propaganda del régimen. Conciertos “gratuitos” con figuras como Manu Chao o Todos Tus Muertos no celebraban la cultura popular; eran avanzadas proselitistas diseñadas para captar al público con “sensibilidad social” y convertirlo en cliente político. Durante esos años comprendí que no se trataba de cultura, sino de manipulación emocional.
“Hazlo tú mismo”, el valor más punk
Ricardo Augusto Bermúdez Vera me lo dijo con la claridad de quien vivió lo mismo que yo:
“Coño brother, al final esa era la vaina… nos engatusaron con el hippeo (entiéndase esto como el modo de hacer del movimiento Hippie de los años 60). Nos pusieron a Manu Chao gratis en el Poliedro de Caracas, podías llevar y meter una caja de birras en el concierto sin peo, eso era ya con Chávez. Pero el punk siempre se ha tratado de hacerlo tú mismo: tu estilo, tu vanguardia, tu opinión política sin amarrarte a ninguna tendencia. ‘Hazlo tú mismo’ es crear tu propio estilo de vida fuera del sistema, sea democracia, comunismo o cualquiera que exista, en nuestra época existían esos partidos políticos: AD, COPEI, MAS, Causa Radical... todos del mismo sistema”.
Ese “hazlo tú mismo” no se trataba solo de montar una banda; era un manifiesto de independencia mental. Era decir: no necesito un partido ni una ideología específica para rebelarme. El punk no nació para adorar a poderosos disfrazados de libertadores. Fue creado para desconfiar de ellos y denunciar la mentira.
La ignorancia sobre el escenario
Lo que ocurrió en el Florida Underground Fest 2026 no es un hecho aislado: es el reflejo de una rebeldía domesticada. Como se comentó en un reciente chat entre músicos, donde participan músicos de la movida punk y rockera de Cuba: “No ven el descaro de gritar Free Palestine por el mundo, pero no gritan Free Cuba, Free Irán o Free Venezuela”.
Hay una selectividad moral que avergüenza. Detrás de cada “Free Maduro” hay miles de presos políticos, exiliados, torturados y familias rotas. No hay coherencia en gritar “libertad” para unos y callar ante la esclavitud de otros. Si el punk no sabe distinguir eso, entonces perdió su alma.
Volver al espíritu original
Hoy más que nunca, el punk necesita reconectar con su raíz filosófica. El verdadero punk no necesita banderas ni dogmas; solo conciencia y libertad. Y así como le reclamamos a los totalitarios que han tenido secuestrado al país por más de 26 años, tampoco deben creer que los que hoy apoyamos para recuperar nuestra libertad tienen un cheque en blanco. El día que logremos el cambio, si los nuevos gobernantes abusan de la justicia en detrimento de la libertad, también les reclamaremos. Estamos mamados de entregar cheques en blanco.
Yo, que viví la represión y ahora cumplo 11 años de exilio, no puedo quedarme callado ante la desinformación vestida de “rebeldía”. El punk no puede ser cómplice del totalitarismo, venga pintado del color que venga. De eso se trata esto: de pensar, dudar e investigar. Se trata de vivir bajo parámetros de justicia y respeto mutuo, donde nuestros vecinos no sean sapos dispuestos a vendernos por las migajas que los poderosos arrojan a sus pies.
Por Roger Francisco Nuñez Gamboa
Politólogo - UCV
Barerista de la Banda Deskarriados