Cuando la tierra quiso callarnos: DESKARRIADOS en la UCV, 1994

Cuando la tierra quiso callarnos: DESKARRIADOS en la UCV, 1994

El rastro que sobrevivió “Detrás del Suelo”

Desenterrado del ruido y la memoria, este hallazgo “arqueopunketológico”, realizado por el canal @RoedorRuidoso en YouTube, me revienta los oídos como un grito que se negó a morir. Se trata de una grabación de audio en cassettes, capturada por uno de los asistentes al Concierto por los Derechos Humanos realizado el 25 de mayo de 1994 en la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela, organizado por Amnistía Internacional.

 El registro, hecho con un grabador portátil de periodista —de esos típicos que existieron en los años ochenta y noventa del siglo XX—, proviene del público; ya que en la grabación realizada se escuchan voces y comentarios de quienes estaban alrededor de la persona que estaba haciendo la toma auditiva, testigos directos de aquella jornada.

 Este audio es un documento toscamente entrañable, sin maquillaje, con sus pelones de batalla a flor de piel, pero en el que brotan energía pura, sudor y actitud.

 DESKARRIADOS, integrado por Jorge “Jordi” De La Vega, Héctor “Curly” Laya, Fransais Delgado y Roger Núñez, suena en la grabación encendido, rabioso, sin filtros ni decoros: una banda prendida en candela, dejando que el caos marque el ritmo y que el corazón se imponga sobre la técnica.

 Aquella noche del 25 de mayo de 1994, en la Plaza del Rectorado de la UCV, fue una verdadera guerra. Algunos personajes —como José Luis “Caplís” Chacín, de Desorden Público, y los integrantes de la banda Grillos Mientras Tanto— presionaban para sacarnos del roster y evitar que DESKARRIADOS tocara.

Pero al mismo tiempo otros demostraron su solidaridad, diciendo que si nos impedían participar, ellos tampoco subirían al escenario. Entre ellos estaban Torombolo, cantante de Los Gusanos, y los panas de la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la Universidad Central de Venezuela, quienes ese día trabajaban como el crew que brindó apoyo técnico al evento.

 La tarima, inmensa y al aire libre, carecía de monitores internos, ya que, como no pudieron evitar que nos presentáramos, la compañía de sonido recibió la orden de no trabajarnos el audio, ni en lo interno de la tarima y mucho menos hacia el público. Fue otro intento deliberado de sabotaje, un castigo disfrazado de omisión técnica.

 Pero entonces ocurrió lo inesperado: como un ángel caído del cielo, apareció Julio Alonso —amigo de Jordi De La Vega, con quien había estudiado en el Taller de Arte Sonoro, y también mi viejo pana del Liceo Gustavo Herrera en los años 19861987 del siglo pasado—. Minutos antes de tocar, Jordi tuvo la dicha de encontrárselo entre el público y le pidió el favor de que nos hiciera el sonido. Julio aceptó sin dudarlo y tomó el mando de la consola principal, preparando el P.A. para nosotros.

 Gracias a Julio Alonso, la tarima, inmensa y al aire libre, proyectó hacia el público un sonido nítido y potente.

 Hacia afuera todo tronaba perfecto, pero para nosotros allá arriba, dentro de una tarima que se extendía como una sabana, reinaba un vacío paradójico.

 Al carecer de monitores —esos parlantes que apuntan hacia los músicos para que puedan oírse entre sí—, el sonido se perdía en el viento antes de alcanzarnos. Dentro de un escenario tan grande, apenas podíamos percibirnos entre nosotros, quedándonos sin referencias para lograr coordinar la secuencia de las canciones que ejecutábamos.

 Esa tarde tocábamos guiados por pura intuición y por las señas que nos lanzábamos entre nosotros, apoyados en el instinto afilado que habíamos curtido a punta de ensayos y de nuestros toques subterráneos hechos en la vía, “Por esas Calles” de Venezuela, donde la compasión se desvanecía y la piedad, desde hacía rato, se fue de viaje.

 Mientras afuera el público disfrutaba de un sonido impecable, adentro de la tarima librábamos nuestra propia guerra contra el silencio: una batalla entre la sordera y la voluntad, entre el sabotaje y la fe en el ruido como única forma de resistencia.

 Nadie nos regaló nada: cada acorde fue una apuesta al vacío, un salto en bungee, impulsada por el instinto musical más primitivo.

 Desde esa tarima que por momentos se nos volvía abismo, tocábamos a contracorriente del silencio, sosteniendo el pulso con la rabia acumulada y la fe en el ruido como única señal de vida.

 Y, aun así, el repertorio salió completo, a punta de coñazos y patada limpia de kungfu contra el silencio que nos aislaba, hasta que el sonido terminó devolviéndonos la voz, el cuerpo y el espíritu.

 Lo que quedó grabado no fue solo una tocada: fue una prueba viva de que, cuando el punk es real, ni la censura ni la sordera lo detienen.

 Aquel sonido rasgado, casi accidental, se transformó en un testimonio sonoro de una época difícil y de una escena que, aunque siempre subterránea, dejó una huella profunda en la historia del rock venezolano.

 Hoy, décadas después, ese eco resurge gracias al rescate de @RoedorRuidoso, recordándonos que, aunque muchos intentaron dejarnos sepultados “Tierra Bajo Tierra”, jamás lograron apagar el fuego de los DESKARRIADOS. 

“Quisieron ponernos detrás de una pared, 

y fuimos —y siempre seremos— capaces de poderla romper.” 

(Extracto de la canción “Risa y Llanto”, de DESKARRIADOS.)

 Integrantes de DESKARRIADOS, aquella noche, en el Concierto por los Derechos Humanos organizado por Amnistía Internacional:

•               Jorge “Jordi” de La Vega — guitarra

•               Héctor “Curly” Laya — voz

•               Fransais Delgado — bajo

•               Roger Francisco Núñez Gamboa — batería

Enlace al canal @RoedorRuidoso de YouTube con el sonido

🏴☠️🧷Deskarriados - Plaza del Rectorado U.C.V. Mayo 1994 (Audio Cassette

 

Por Roger Francisco Nunez Gamboa

 

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1 comment

Que buenos recuerdos… excelentes momentos que perdurarán en nuestra memoria

Jenny luliet Moreno Florez

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